lunes, 25 de enero de 2010

CUANDO NADA FUNICIONA

Vivimos en un planeta globalizado, interconectado, centralizado en internet, los satélites, las redes sociales y los teléfonos de última generación. Tenemos la sensación de que el mundo no tiene fronteras. Pero, ¿y si todo eso falla? En el reciente y devastador terremoto de Haití se ha comprobado, una vez más, que incluso en los países menos desarrollados, los radioaficionados son los únicos que se comunican con el resto del globo en situaciones de emergencia.

Fernando Casanova, colaborador de diversos organismos y entidades vinculados con la investigación espacial y el uso de nuevas tecnologías y experto en radioafición, manifiesta en su conversación con este periódico que «los radioaficionados fueron los primeros que informaron al mundo de lo que había pasado, porque en las primeras horas del seísmo no funcionaron ni los teléfonos, ni internet, ni nada que dependiese de la luz eléctrica». «Un buen ejemplo lo constituyó el grupo de radioaficionados del Radio Club Dominicano, que a las pocas horas del terremoto, pudo montar enlaces de comunicaciones entre ambos países para coordinar, entre otras cosas, las comunicaciones de organismos de socorro y la localización de familiares. Nada funcionaba... Pero sus emisoras, sí», apostilla.
Las emisoras son, en ocasiones, mejores que otros medios en situaciones de emergencia. «Se me ocurren tres casos especialmente interesantes: uno es el de John Henault, de Puerto Príncipe, un radioaficionado ejemplar en Haití que no dudó en usar su emisora alimentada con baterías para avisar al mundo de lo ocurrido y para decirle a los suyos que estaba vivo. Otro radioaficionado en la zona es Mark O. Jensen, relacionado con el grupo «Promise for Haiti», que comenzó a evacuar a pacientes del edificio». En esos momentos de caos no funcionaba ni el teléfono, ni internet , solamente un teléfono vía satélite que pudo usarse para conocer la gravedad de la situación. «Pero esos teléfonos no los tiene mucha gente. Así que su único medio de comunicación fue su emisora de radioafición», cuenta Casanova. Por último, destaca a Germinal García, un miembro español de la Cruz Roja y radioaficionado de Ceuta, que también usó este sistema de comunicación durante los primeros días del desastre.
Siempre preparados
Los radioaficionados del mundo están siempre preparados para ayudar en las comunicaciones cuando lo esencial falla, explica el especialista. «Es mucho más que una afición y a pesar de lo que piensan algunos, no es obsoleta. Los radioaficionados del siglo XXI tienen su propia red de satélites, son capaces de montar un sistema de comunicaciones, analógico o digital en tiempo récord y lo que es más importante funcionan cuando el resto de sistemas de comunicaciones fallan. Lo que ha ocurrido en Haití ha sido solamente un ejemplo más». Así, cita otros casos trágicos, como los atentados terroristas del 11 de septiembre en Nueva York, los incendios gallegos de 2006, el desastre del «Katrina» en Nueva Orleáns o el terremoto de L´Aquila, en Italia.
Y hay famosos radioaficionados. «Entre ellos, lo fueron actores como Marlon Brando y cómo no, en nuestro país tenemos un radioaficionado de excepción como es Su Majestad el Rey de España, que tiene su estación en La Zarzuela. También es radioaficionado el último premio nobel de Física, George E. Smith, que es un reconocido «loco de las ondas». Pero quizás, también, tu vecino o un conocido».

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