domingo, 24 de octubre de 2010

LA LECCION DE LOS MINEROS


Cada dos días ingería dos cucharadas de atún y medio vaso de leche. Pasaron sus primeros diecisiete días con sólo ese alimento, atrapados a 700 metros de profundidad, sin contacto alguno con sus familiares ni con los otros mineros situados en la superficie.

Vivieron sumidos en una oscuridad apenas perturbada por los focos de sus cascos.

¿Qué lección nos dejan estos hombres cuya odisea aún no termina?

A la escasez de alimentos se sumó una temperatura de 30 grados centígrados, una humedad del 88%, cartones para amortiguar el piso de piedra al dormir, angustia ante la incomunicación con el exterior e incertidumbre sobre su futuro.

¿Cómo reaccionaría usted en tan difícil circunstancia?

Desde que ocurrió el accidente acordaron enfrentar juntos el reto de vivir. Aprovecharon al máximo lo que cada uno sabía, poniéndolo al servicio de los demás.

Decidieron ayudarse sin egoísmos, establecieron rutinas para sobrellevar el inevitable deterioro de su salud física y mental.

Se organizaron como un verdadero equipo.

En lugar de lamentarse por los pocos recursos, fueron extremadamente creativos e inteligentes para usar bien los disponibles. Incluso confeccionaron un juego de dominó para distraerse, usando pequeños papeles.

¡Solidaridad, normas de convivencia, disciplina, liderazgo y una ilusión compartida!

Cada uno asumió la responsabilidad de cuidarse a sí mismo y cuidar al compañero.

Tolerancia ante la tensión, humor ante la angustia, esperanza ante la incertidumbre, se consolidaron en la determinación de estos luchadores.

Su objetivo fue vivir, teniendo por estrategia estar unidos y trabajar juntos para facilitar el rescate. Muchos días pusieron a prueba su cordura para superar comprensibles crisis en esta situación límite.

El 22 de agosto pasado comunicaron: "Estamos bien en el refugio los 33."

En todo el mundo, todos celebramos que se concretara el primer contacto con ellos.

"Allá abajo" ellos han dado lo mejor de sí mismos y triunfaron.

Su actitud fue ejemplar, no salieron de esa profundidad como compañeros, sino como HERMANOS.

"No se quejaron, se animaron; no se recriminaron, se apoyaron".

En cambio, "aquí arriba", con muchos más recursos, hay cientos, miles, tal vez millones de gentes, que se comportan atrapadas por prejuicios, individualismo, indiferencia y avaricia.

Se encierran en sus intereses individuales, escondiéndose de quienes necesitan del apoyo de otros, vale decir, sumidos en la más absoluta oscuridad pese a disfrutar de pleno Sol.

¿Quiénes permanecerán más tiempo atrapados?

¿Los mineros o los prisioneros de su propio egoísmo?

Esos 33 hombres estuvieron ocupados en vivir, mientras que hay organizaciones y personas que pudiendo trabajar como conjunto, apenas logran sobrevivir debido al derrumbe de sus propias actitudes.

P.D. Uno de los mineros dijo en una entrevista publicada por el periódico El País que ellos no eran 33 si no 34 porque Dios estaba con ellos, y vaya si estaba con ellos!!

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