sábado, 27 de agosto de 2011

EL DESAFIO DE LA TECNOLOGIA

Hay que elegir entre afrontar el desafío de la tecnología o vivir en un mundo sin televisión. Internet lleva una década robando espectadores a la pequeña pantalla, lo que obliga a las cadenas a renovarse o a morir en la bancarrota.

La discusión sobre los modelos de consumo de series y películas a través de la red se mantiene desde hace años y no hace más que crecer en intensidad. Pero los datos hablan de una realidad, no de un debate: el 24 por ciento de los europeos descarga de internet contenidos de películas, televisión y vídeos, según el estudio Mediascope Europe.

Especialmente, se alejan de la tele los más jóvenes: el consumo de Internet en la Unión Europea llega al 78 por ciento en la franja de edad de entre 16 y 24 años.

Esto supone un duro golpe para las productoras y distribuidoras de contenidos audiovisuales, que ven menguar su audiencia y, por lo tanto, sus ingresos provenientes de la publicidad.

La interrogante que brota de estas cifras, al margen del problema que supone la piratería para la industria, es si la pérdida de espectadores es evitable o si es un fenómeno estructural al que las empresas se tienen que adaptar.

Portales como Netflix, en el que los usuarios pagan una determinada cantidad por descargarse contenidos audiovisuales, parece que se decantan más por la segunda vía, al igual que hacen algunos medios como Televisión Española (TVE) o la BBC cuando adaptan sus contenidos para la red.

El futuro que parece un poco más turbio es el de las series extranjeras, que pueden no ser rentables para las televisiones porque muchos usuarios las ven en la red, sin anuncios y prácticamente al mismo tiempo de su estreno mundial.

Series como “Lost” o, más recientemente, “Game of Thrones” han tenido una repercusión mundial al margen de los canales de distribución tradicionales y han sido consumidas a través de Internet mediante páginas web al margen de la legalidad.

Ver un capítulo en una pantalla de ordenador es algo a lo que los espectadores ya se han acostumbrado, después de que muchas series hayan pasado inadvertidas por la televisión -a veces, por haber sido ubicadas en malos horarios de la parrilla de programación de algunas cadenas-. Le sucedió a “Mad Men” en algunos mercados, donde los aficionados tuvieron que acudir a la red.

Lo mismo pasa con las series de realización doméstica, ya que la pérdida de espectadores que migran a Internet repercute en menos ingresos por publicidad con los que se pueden producir menos contenidos.

Una televisión interactiva. La industria audiovisual quiere darle un impulso a la “televisión a la carta”, en la que se puede seleccionar qué contenidos quieren ver los usuarios y cuándo lo quieren hacer.

Esto es posible gracias a la tecnología de “televisión por IP” (siglas de “Internet Protocol”, a través de señales de Internet), con la que el telespectador pasa de ser un usuario pasivo y consumir lo que las cadenas han programado a formar parte de una audiencia activa, que busca y encuentra sus contenidos preferidos dentro de una mayor oferta.

Grandes multinacionales se han sumado a las iniciativas de este tipo: Google ya tiene en marcha su servicio de televisión por IP -Google TV-, y Microsoft ha anunciado que su videoconsola Xbox soportará esta tecnología.

Por otro lado, fabricantes como LG, Samsung y Sony, por citar varios ejemplos, y productores de contenidos, como Mediaset, TVE y BBC, han comenzado varios proyectos de televisión a la carta. Los televisores de última generación de los mencionados fabricantes ya incorporan conexiones a redes inalámbricas de Internet y cuentan con un software que recopila los contenidos generados por las cadenas.

Parece que una pantalla conectada a la red es el futuro del negocio audiovisual, ya que los televisores de última generación ya ofrecen al usuario la posibilidad de chatear y comentar en las redes sociales los contenidos que está viendo.

Incluso hay aplicaciones para dispositivos móviles como Miso, que permiten a los consumidores indicar qué programa están viendo, comentarlo y acercarse a otras personas que están ante el mismo contenido.

Las empresas salen ganando

Esta televisión “a la carta” plantea una nueva forma de hacer negocios y redefine la difusión de publicidad, ya que los anunciantes pueden segmentar mejor la audiencia y precisar a quién mandan qué mensajes.

Además, la posibilidad de comentar la programación supone una ventaja para las productoras y distribuidoras de piezas audiovisuales, que pueden rastrear la actividad de los espectadores e incluso conocer qué piensan de lo que están viendo.

Pero todavía queda mucho camino hasta que estos avances se generalicen: aún son pocas las cadenas que han decidido poner en marcha la televisión a la carta y una industria audiovisual sin contenidos no es más que una infraestructura vacía.

No obstante, en un tiempo en el que todas las compañías tecnológicas aseguran que lo más importante para ellas es la “experiencia del usuario”, parece que, más que un enemigo, Internet es un aliado que puede aportar más espectadores a las cadenas de televisión y por lo tanto, un valor añadido a sus emisiones.
Cortesia de: EFE-REPORTAJES.

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